jueves, 30 de junio de 2011

XIII.- LA CATA DE CHENIN BLANC EN REQUENA (24-06-2011)

          Hacía casi un año que no había cuatro tapones en juego. Demasiado tiempo. Tal vez once meses sin hacer una cata con la presencia de casi todos los tapones no sea mucho tiempo pero si que lo es si además se trata de reunirte con los amigos a los que más quieres.

         Dejamos el calor de Valencia cuando éste aún apretaba. El viaje fue un placentero paseo hacia la meseta. Los pámpanos de las vides aparecieron en un abrir y cerrar de ojos, inundando de verde el paisaje y de impaciencia nuestro cuerpo. Llegamos a Requena cuando la luz mejor lucía, revelando la textura de las casas y de la vieja piedra de la Iglesia de Santa María.

         La cata de chenin empezó con una cata de bobal, pero no de una bobal cualquiera sino la que había elaborado Javi por vez primera en su vida y esperemos que no la única: “La Mari, la Paqui y la Bea”. Cuando alguien tiene una pasión en su interior no la puede dejar morir, porque si lo hace abandonará parte de su alma y eso es traicionarse a sí mismo. Las pasiones no se llevan a cabo por el simple hecho de demostrar que somos capaces de hacer algo que parece imposible. La capacidad no es una pasión. Las pasiones se llevan hasta la muerte porque son la razón de nuestra vida, nuestro “life motive”. La pasión de Javi –una de sus pasiones- estaba en el interior de una botella que desbordaba tintes familiares. Javi nos llenó las copas y nos pidió que acorraláramos sin piedad a aquel líquido rojo. Quería un juicio sumarísimo sobre su obra. Por un momento, un halo de duda cruzó mi mente ¿sería capaz de ser sincero ante el vino de Javi? El halo desapareció sin dejar rastro tanto por mi condición de bocazas como por mi obligación de contribuir a la pasión de mi amigo.

Había probado aquel vino pocos días después de que hubiera sido uva, y lo había hecho con maletín, traje y corbata, en una kafkiana situación en La Portera. Un tanino verde que te dejaba la boca como una goma de borrar me hizo dudar del buen fin de la aventura. Aquello me pareció irrecuperable, sin embargo cuando el viernes me asomé al interior de la copa apenas había rastro de lo que parecía un desastre irremediable. El vino era limpio, de capa media baja, con ribetes cardenalicios que delataban su juventud. En nariz era verde como el romero, el tomillo y los pinos que rodeaban el viñedo. En boca, apenas quedaba rastro de aquel tanino insalvable y el monte bajo envolvía la cavidad bucal bajo una acidez brutal. La falta de cuerpo y su ligereza era la mayor crítica que podía realizar. El vino era sencillo y honesto, como su dueño. Desde luego, el vino es mejorable por eso espero que Javi continúe con esta pasión hasta que su vino se convierta en la pasión de otra gente.

Tras aquella orgía de sentimientos procedimos a dar inicio al ritual de nuestras catas: ¿cómo servimos? ¿quién descorcha el vino? ¿qué orden seguimos? Y un largo cúmulo de interrogantes que exasperan en silencio a mi querida esposa y servidora de vinos. La cata de chenin blanc, la gran dama según mi amigo Juan Ferrer, empieza con las habituales bromas sobre vinos ganadores y demás chorradas que nos inundan de una infantil felicidad.

Los vinos salen en sus correspondientes decantadores y a través del vidrio veo sus colores. Tres ambarinos y uno pajizo. Empezamos a imbuirnos de sensaciones visuales, en breve llegarían las nasales y gustativas y nuestras disquisiciones y elucubraciones. Mis pulsaciones aumentan y mi grado de felicidad se dispara como si fuera un niño. Hacía mucho tiempo que no sentía una alegría similar. Tal vez fuera la cata, tal vez fuera la reunión con mis amigos, o tal vez fuera su conjunción. No lo se. Pero lo que sí que se es que esa sensación quiero sentirla con mayor frecuencia.

Los vinos caen en las cuatro copas y empieza el festival:

El vino 1 (cinta blanca), era elegante y amielado; en boca casi un champagne, redondo como un albaricoque y con un deje de galleta que me impedía apartarlo de mi nariz. Primera conclusión: Demasiado goloso para ser de Savenniers. Un candidato importante al triunfo.

El vino 2 (sin cinta) era posiblemente el más elegante en nariz. Un perfume de flores blancas. En boca se muestra con una potente acidez y un deje a fruta de hueso blanco. Un buen vino pero sin gran complejidad.

El vino 3 (cinta rosa) imponía nada más mirarlo. Desprendía un aroma misterioso y licoroso: oporto, fósforo, miel, membrillo, ligeros toques de pegamento y una sutil mineralidad. Poderoso y muy complejo, en permanente evolución. Aquello era como la lámpara de Aladino: escondía un genio, sólo hacía falta esperar (no frotar).

El vino 4 (cinta de goma) era el único que vestía un amarillo pajizo. Nada más olerlo fue el primer vino que descarté en la lucha por el título. Un vino agradable pero muy sencillo, un básico, sin ninguna pretensión más que un disfrute trivial. Estaba casi seguro que era un básico de Ogereau.

Henchidos de entusiasmo nos lanzamos sin vergüenza a realizar todo tipo de comentarios. Vicente dice que el vino 4 es “Clos de Papillon 2005” y que el vino 2 es “La Calma” de Can Ràfols. ¡Vaya vacile! Mientras que los vinos 1 y 3 son dos vinazos. Coincido con esto último pero dudo que acierte con los vinos 2 y 4. Me centro los vinos 1 y 3 cierro definitivamente mi decisión.

Votemos:

El vino 3 gana con 22 puntos, seguido del vino 4 (¡?) y el vino 1, ambos con 17 puntos (queda segundo el vino 4 por haber conseguido más primeros puestos) y en último lugar, con 14 puntos, queda el vino 2.

Destapamos las botellas y … ¡¡¡¡chavales, dadme los tapones!!!!!

El vino 3 (cinta rosa) es un “Couleé de Serrant 2006” del maestro de la biodinámica: Nicolas Joly. Siete maravillosas hectáreas que plantaron los monjes cistercienses en el viñedo del Clos de la Couleé de Serrant en 1130 y que son, posiblemente, el mejor ejemplo de chenin blanc en el mundo. SIIIIIIII es mi vino. Una pasta, desde luego, pero desde que Xavipaqui eligieron el tema pensé que en la cata de chenin debía de haber uno de los grandes, y Joly es el top.

El vino 4 (cinta de goma) es un “Clos du Papillón 2005” de Domaine Baumard. ¡Qué crack Vicente! La vacilada se convierte en realidad. El vino de Xavipaqui cumple a la perfección con las características propias de los Savenniers: miel, flores blancas y mineralidad.

El vino 1 (cinta blanca) es un Domaine de Montrieux 2007, de Coteaux du Vendômois, (Emile Heredia). Biodinámico a tope. Una chenin de una zona muy particular del Loira, y apenas conocida. Vicente siempre nos sorprende con algo diferente.

El vino 2 (sin cinta) es “La Calma” de Can Ràfols. ¡El monstruo de Vicente vuelve a acertar! No habrá ganado la cata pero el tío ha sacado dos vinos, que es casi mejor que haberla ganado. La chenin española cumple a la perfección. Ha quedado última pero no ha desmerecido en nada frente al resto. No puedo más que reconocer –empedernido defensor de las variedades en su terroir- que Can Ràfols ha elaborado en España un vino que aglutina perfectamente las características de la chenin. Mucho mérito.

Estoy satisfecho. Como todas nuestras catas la de Chenin ha sido muy didáctica. Los cuatro vinos representaban perfectamente el abanico de opciones que puede desplegar esta gran dama y eso significa aprender. Sólo espero que cada uno de nosotros haya podido imbuirse de su alma y la retenga en su interior para siempre. También estoy contento por haber ganado y por la votación que he realizado. Jugaba con un Couleé de Serrant, por lo que no sólo tenía que ganar sino que además tenía la obligación de identificarlo y lo había hecho. Si hubiera fallado me habría sentido un tanto decepcionado conmigo mismo.

Nos acabamos todos los vinos con una maravillosa cena de los anfitriones. Xavipaqui nos deleitaron con humus, calamares en salsa de sobrada, pechugas escabechadas, clóchinas y un sinfín de exquisiteces que colmaron nuestro insaciable apetito. La Chenin Blanc, con su capacidad de mimetizar todo lo que le circunda, consiguió el efecto contrario y nos convirtió a todos en un poco más melosos, membrillos e incluso olemos a espino blanco.

En fin, elijo tema para la siguiente cata y tengo muy claro cual será: pinot noir. Si, ya se que repito pero tengo un motivo para ello que sólo desvelaré al final de la misma. Sólo necesito que los cinco tapones estén sobre la mesa y que Xavipaqui me presten un viñedo. Exigencias del guión. Mientras tanto disfrutaré de los conocimientos adquiridos sobre la chenin con la esperanza de que Javi siga cultivando y elaborando una pasión que el día de mañana apasione a gente tan dispar como Parker y Feiring.

Juanlu

Nota: Ya he guardado los cuatro tapones en su sitio


Resultados de la cata:

1º Clos de la Coulée de Serrant 2006, Savennières-Coulée de Serrant, Nicolas Joly (52€)
Juan Luis

2º Clos du Papillon 2005, Savennières, Domaine de Baumard (21€)
Javi / Paqui

3º Domaine de Montrieux 2007, Coteaux du Vendômois, Emile Heredia (20€)
Vicente / Mari Cruz

4º La Calma 2007, Penedés, Can Ràfols dels Caus (26€)
Guillermo / Ana


         Documentos gráficos:










martes, 31 de mayo de 2011

NUEVA YORK, LA CAPITAL DEL MUNDO


Nueva York es para mí, junto a Paris y Tokio, la ciudad que más me gusta visitar. Hace menos de un mes que regresé de allí y ya tengo ganas de volver pronto.
La ciudad es impactante, la vista de Manhattan desde Brooklyn es grandiosa y  dentro de la isla estás alzando continuamente la cabeza admirando los espectaculares rascacielos. Y por supuesto paseando y disfrutando de sus numerosos barrios, todos distintos pero todos newyorkinos: Tribeca, Soho, Greenwich y West Village, Chelsea, Meatpacking District,  Lower East Side, Gramercy, East Village, Midtown, West Side, Upper West Side y Upper East Side, Harlem, Brooklyn Heights, Williamsburg (éstos 2 últimos en Brooklyn)…Todos me gustan, todos tienen sus particularidades y estilo propio, aunque, posiblemente, Chinatown sea la excepción negativa, cada vez está más degradado y resulta menos interesante, pero los demás son todos sumamente atrayentes.

Nueva York es una ciudad en constante ebullición, el motor del mundo. Sean cuales sean tus gustos, vas a encontrar lo más puntero respecto a tu profesión o afición: música, teatros, arquitectura, museos, galerías de arte, de moda, restaurantes, wine bars, coctelerías, tiendas de los principales diseñadores, escaparates, primeras marcas, gangas, mercados, zonas de esparcimiento, bonitos parques, el fabuloso pulmón verde que es Central Park, … Todo esto y mucho más es Nueva York.
“The city that never sleeps” no es un tópico, es absolutamente real (y no únicamente por lo ruidosa que es).

En definitiva, si buscas vivir en una película rodeado de decorados reales, ésta es tu ciudad.






Y ahora, no se vayan y sigan leyendo, entramos por fin, en ese mundo que tanto nos apasiona y alegra nuestras vidas: el vino.

WINE BARS, RESTAURANTES, TIENDAS. 

Lo primero que percibe un enamorado del vino cuando visita esta ciudad es que se consume mucho vino, para que os hagáis una idea se bebe mucho más vino que cerveza. ¡Impresionante! Además, no tienen prejuicios a la hora de descubrir nuevas botellas. Encontrarás vinos míticos, orgánicos, biodinámicos y de cualquier lugar vinícola del mundo. Abundan los vinos del Loira, del Languedoc, Côtes du Rhône, e incluso del Jura, del Líbano y por supuesto, italianos, californianos, australianos, argentinos y también españoles. Y a todo esto se une la eficiencia, el buen trato y la amabilidad y profesionalidad del servicio.

Durante nuestra estancia en Nueva York, recorrimos cada uno de los sitios recomendados por mi amigo César Castro (Terroir, Santo Domingo). Aparte del vino, en todos ellos abunda la buena comida (y no sólo por los platos de carne, de primera calidad) y la buena música, cosa por otra parte muy común en casi toda la ciudad. 
No me entretengo más, ahí van una decena de lugares completamente aconsejables:

WINE BARS

- Bar Henry Bistro
  90 West Houston Street. Greenwich Village

Buen comienzo. Local muy chulo en un sótano. Parecía una coctelería y de hecho preparan estupendos cócteles, pero además tenían también una buena carta de vinos. Pedimos 2 por copas y nos abrieron las botellas sirviéndonos en decantador cada vino, en realidad la cantidad equivalía al doble. Barras y taburetes a la entrada, comedor al fondo y platos con muy buena pinta. Buena música y excelente servicio, cosa que se repetirá a lo largo de toda nuestra estancia.

Cerbaie Rosso de Montalcino 2007 y Moulin Cheverny Blanc 2009 fueron los vinos que degustamos.

- Terroir
  413 E. 12th St. (entre First Avenue y Avenue A). East Village.

Tienen también uno en Tribeca, yo fui al del East Village. Local pequeño, 2 barras de madera compartidas por los clientes y taburetes, lleno de gente, buena atención en el servicio. Ambiente ruidoso pero divertido, participativo y sociable. Muy buen rollo. Muy buena y extensa selección de vinos por copas (cerca de 60) y por supuesto también en botellas (de gran nivel). Buena música y tapas deliciosas. La verdad es que nos gustó mucho. No perderse las salchichas de cordero envueltas en hojas de salvia (Sage Leaves with Lamb Sausage), buenísimas.

¿Qué degustamos?:

·    Trousseau, Singulier, 2008, Stéphane Tissot, Arbois
Difícil de encontrar por España estos vinos del Jura, al menos con esta variedad de uva tinta.
·    Musar Jeune 2008, Château Musar, Bekka Valley, Lebanon
Los vinos de esta casa se encuentran fácilmente en Nueva York. Ya lo quisiera yo en España.
·    Le Cigar Volant 2006, Bonny Doon Vineyard, California
Sorprendente. Principalmente Syrah y Garnacha, también Cinsault y algo de Mourvèdre y Carignan. (Uno de los vinos de Randall Grahm, homenaje californiano a Chateauneuf-du-Pape. A las variedades mediterráneas también les gusta el sol de California).

- The Tangled Vine Wine Bar & Kitchen
  434 Amsterdam Av. Upper West Side.

Otro que nos gustó mucho. Creo que imprescindible. Disfruté como un gorrino. Mesas altas a compartir, con taburetes y también mesas normales. Ambiente muy agradable, se nota que todo el mundo degusta vino de forma natural y habitual.  Deliciosos platillos. Excelente carta de vinos incluyendo una buena selección de copas. Los clasifican en vinos sustainables, organics y biodynamics.

Sustainables: Minimal use of pesticides, herbicides, and chemical inputs. Natural yeasts (from the vineyard, not the laboratory) are used if possible.

Organics: No herbicides or pesticides are used. Cover crops, all natural yeasts, and minimal sulfites are the norm.

Biodynamics: It is 100% organic, relying on homeopathic treatments in the vineyard and adherence to the lunar calendar for planting, harvesting, and cellar work. Famous French vigneron Nicolas Joly describes Biodynamics as “a way of helping vines catch the climate and soil in the wine”.

Estos son los lemas del local:
“Don‘t just drink what you know; drink what you don‘t”.
“Wine without food is always a pleasure, but wine with great food is a sheer delight”.

·    Sèvre et Maine sur Lie 2009, Domaine de la Pépière (Organic).
·    Bourgogne Blanc “La Souer” 2007, Domaine de la Cadette (Organic).
·    Hautes Côtes de Beaune 2008, Domaine Marcillet (Byodinamic)
·    Givry “Cellier Aux Moines” 1er Cru 2007, Baron Thenard  (Sustainable).
·    La Rasina 2004, Brunello di Montalcino (Sustainable).
·    Château Les Tuilleries 2007, Sauternes.
(Destacaría  el dulce y los 3 tintos, especialmente el Brunello ¡una pasada!).

- The Ten Bells
  247 Broome Street. Lower East Side

El local es chulo pero sirven los vinos en copas de mala calidad. Una pena.
Degustamos Cour-Cheverny Les Sables 2008 y Cheverny Point du Jour 2009, ambos de Tessier.

- Anfora
  34 8th Avenue. West Village.

El barrio en el que está, al igual que todos, es chulísimo. El local parece un pub español, oscuro, pero con una enorme carta de vinos en botellas y una selección en copas. Ensaladas y platitos para acompañar. Es normal que realicen diversos eventos con presencia de bodegueros.

·    “Les Trios P´tits C” 2008, Loup Blanc, Languedoc (Grenache).
·    “Cellier des Gray” 2009, Adrien Berlioz, Savoie (Mondeuse).   
·    “Mon Coeur” 2009, J.L. Chave, Côtes du Rhône.
·    Château Musar 2003, Hochar Père et Fils, Bekka Valley, Lebanon.

RESTAURANTES

- Rouge Tomate
  10 East 60 th Street. Upper East Side

Bonito, cómodo y de moderno diseño este restaurante donde priman los ingredientes locales y los platos son revisados por una nutricionista. Extensísima carta de vinos y selección de copas. ¡Qué bien comimos!

·    Blanc 2009, Agnès et Réné Mosse, Anjou
·    Savagnin 2005, Stéphane Tissot, Arbois
(Este estaba pletórico).
·    Saumur-Champigny 2005, Thierry Germain
(Estupendo Cabernet Franc que acompañó perfectamente los platos principales) 

- Diner Restaurant
  85 Broadway, Williamsburg, Brooklyn

Muy interesante este diner, comida sabrosa y una selección de vinos en la que destacan algunos del importador Louis Dressner.
Tomamos un Chinon 2008 del Domaine Bernard Baudry. (Para mí, correcto y nada complejo, lo que buscaba en esta ocasión)   

- Bar Boulud
  1900 Broadway. Upper Side West.

Daniel Boulud tiene varios restaurantes en New York, también tiene un Oyster Bar y acaba de abrir una épicerie.
En este restaurante realmente se come muy bien, platos ricos y sabrosos, incluidos los postres. Selección de vinos por copas interesante. El maître francés Thomas nos atendió también muy bien.

·    Cuvée Daniel 2009 Chardonnay, Au Bon Climat
(Ya había probado durante este viaje el Pinot Noir básico de esta casa californiana, joven y agradable para mi gusto. El chardonnay me gustó más).
·    Chad Pinot Noir 2009, Carneros
(Nos gustó este Pinot Noir muy floral en nariz).
·    Cabernet Sauvignon 2006, Robert Sinskey Vandal Vineyard, Napa Valley

TIENDAS

- Chambers Street Wines
  148 Chambers Street. Tribeca

Buena tienda de vinos con una excelente selección. Me llevé el fantástico Champagne Rosé de Saigné Premier Cru de Larmendier-Bernier y algún buen libro (“Reading between the Wines” de Terry Theise).

- Crush Wine & Spirits
  153E 57th Street. Midtown East.

Otra excelente tienda donde las botellas están clasificadas según el varietal. Aquí compré “Reflections of a Wine Merchant” de Neal I. Rosenthal.





The Ten Bells

Rouge Tomate




Crush Wine & Spirits





ALGUNOS SITIOS MAS

- Astor  Wine & Spirits
  399 Lafayette St. (at East 4th St.)

Otra tienda, bastante grande, con gran variedad de botellas de todo el mundo, algunas muy interesantes. Me recordó un poco a Lavinia. Compramos:

·    Champagne Petraea XCVII-MMV Raymond Boulard
(Interesante, complejo y distinto).
·    Pinot Noir 2007, Domaine Carneros, Napa
(Nos decepcionó un poco, de todas formas, no acabó en el fregadero).
 
- Boom
  152 Spring Street. Soho.

Si estás en el Soho y decides comer en este barrio, te aconsejo este bonito restaurante donde sirven comida de estilo italiano, tienen también una carta de vinos italianos aunque no es memorable. Ah, y con numerosos eventos de música en vivo.

- Melba´s
  300 West 114th St. con Frederic Douglass BL. Harlem.

American comfort food. Comida casera sureña en Harlem. Yo me pedí los gofres al ponche de huevo con pollo frito al estilo sureño. Imprescindible el Brunch del fin de semana e imprescindible el local. Gente guapa y elegante del barrio. Numerosos eventos musicales.
El vino, aunque tienen cosas básicas y lo sirven bien, no destaca. Lo suyo aquí es probar todos los cócteles que puedas.

MIS RINCONES

- Shake Shack
  Madison Square Park

Chiringuito en pleno parque, excelente situación, buenas hamburguesas, los mejores batidos y largas colas. Tienen también vinos ( aquí tienen en todos los lados). En este caso mi rincón es el parque en sí, frente al Flatiron, pero a quien no le apetece un delicioso batido.

- Pershing Square
  90 East 42nd St. at Park Avenue, frente Central Station.

Me encanta desayunar bien temprano en esta cafetería y observar el movimiento de la calle desde ella.

Y POR SUPUESTO

- Veritas
  43 East 20th Street. Gramercy.

Excelente situación en un barrio muy pijo. Restaurante muy bonito.
Visitamos la última noche este restaurante, su Chef sommelier es Rubén, amigo de Xavi. Este restaurante nos gustó mucho, una muy buena despedida  de New York.
Rubén ha confeccionado una colosal carta de excelentes vinos, también hay una selección por copas. Wine Bar en la entrada y comedor al fondo. Nos sentamos en la barra, no pensábamos comer mucho, pero fue inevitable, pedimos 4 tapas y resultaron ser 4 platos deliciosos de enorme calidad y perfectamente elaborados, los acompañamos con algunas copas y optamos también a pedir postre, y eso que no teníamos hambre. Cenamos de maravilla.
Excelente trato por parte de Rubén, de Ros (barman amabilísimo nacido en  Jersey y hablaba español de puta madre, ¡había estudiado 3 meses en Salamanca!) y de todo el personal.
Gracias a nuestro amigo Xavi por recomendarnos acudir a este fenomenal restaurante.

·    Pinot Blanc 2008, Zind Humbrecht
·    Invetro 2008, Renieri, Toscana
·    Syrah 2008 Cuvée Christine, Donelan, Northerncoast California
·    Burgundy 2007, Tollot-Beaut, Chorey-Côte de Beaune
·    Vintage 1983, Ramos Pinto (gentileza de Rubén).
(Nos gustó el Toscano pero sobre todo este Syrah californiano con especias  sutiles y por supuesto el Pinot Blanc, delicioso. El oporto, impresionante).

Esto es todo, por ahora. Nos fuímos de Nueva York con una sonrisa plena de felicidad y un recuerdo fabuloso.

Vicente

Este Post está dedicado a César quien siempre me recomienda fantásticos vinos y como veis, los mejores sitios.


Astor Wines & Spirits
 
Boom
 



Veritas


martes, 19 de abril de 2011

XII.- LA CATA CENA DE VINOS ITALIANOS (16-04-2011)

         Una mala cata se soluciona con otra cata inmediata. Así, tras la decepción de la cata de syrah dos semanas atrás, llegó la cata de vinos italianos. Esta era una cata muy deseada –al menos para mí- pues desgraciadamente Italia es un país que apenas hemos bebido. Barolos, Barbarescos Amarones, Brunellos… sólo sus nombres ya saben bien.

         Desde que leí el más que recomendable libro de Alice Feiring “La batalla por el vino y el amor o como salvé al mundo de la parkerización” tenía claro que para la primera cata de vinos italianos llevaría un barolo. No sería el Scavino que introdujo a Feiring en el mundo del vino pero desde luego sería un barolo.

         La tarde anterior a la cata me fui a la base “Enópata” y tras departir con Rebeca durante un buen rato escogimos “el barolo”. Un “Contrabasso 2000” de Bava. La historia musical de Bava me hechizó. Esta gente organiza conciertos en la bodega y ponen música a la sala de barricas, además organizan conciertos de trombón en los viñedos. Aquello tenía que estar bueno, muy bueno, sí o sí. Así que el “Contrabasso 2000” de Bava fue mi vino elegido para la cata de “italianos”.

         El día de la cata amaneció gris sin embargo yo estaba contento. Llegaban Vicente y Mª Cruz, quedaban cinco días para irnos a NYC, y a penas unas cuantas horas para la cata. ¿Qué más se podía pedir? Pasé buena parte de la mañana en el mercado comprando los ingredientes necesarios para la cena italiana que vendría tras la cata. Hasta cuatro tipos diferentes de boletus, para acompañar la pasta fresca de la cena, encontré en una de las verdulerías del mercado de Ruzafa. Aquello prometía.

         Llegaron los futuros Señores de Espinosa y Beatriz los alojó como si fueran huéspedes que se alojan en un hotel de cinco estrellas. Empezaba el baile. De aperitivo un Bin 36 de Selbach, un riesling básico con algo de azúcar residual. Equilibrado, muy buena acidez. Todo en su justa medida y encima dos botellas por doce euros. Para comer, pollo al horno con patatas y cebollas acompañado por el mejor vino que bebimos el fin de semana: un pinot noir de Schug (Carneros, Sonoma). E-S-P-E-C-T-A-C-U-L-A-R. A pesar de ser una pinot noir de California aquello era música celestial. Elegante a rabiar, con un vestido de tul, rubí claro, muy limpio. Aromático y agradable. Fresas, violetas, moras, ligeramente ahumado y especiado. Casi adictivo. Para mí la pinot noir es como una modelo de alta costura: sensual, carismática, y con mucha clase. Y el vino de Schug lo tenía todo para desfilar en cualquiera de las grandes pasarelas. Aquello podía ser perfectamente un Vosne Romanee, sin embargo era un Carneros. Bodega a visitar inexorablemente. ¿Otra vez a San Francisco? Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

         Tras la comida, Vicente y yo decidimos estirar las piernas y dimos un paseo por la ciudad como si fuéramos “guiris”. Plaza del Ayuntamiento; calle San Vicente; Plaza de la Reina; la Catedral; Plaza de la Virgen, con visita a la Basílica incluida; calle Caballeros, donde nos perdimos por los callejones hasta llegar a la Iglesia de San Nicolás –quizás alguien debería visitar la iglesia tres lunes consecutivos y pedir por su restauración-; calle en Bou; calle Corretgeria, con visita incluida a Tintofino, donde nos tomamos un café –yo un té debido a mi aversión a ese extraño grano oscuro que me sabe a mil demonios-.

         Regresamos a casa con la comida bien rebajada y dispuestos a sumergirnos en los vinos italianos. Nada más llegar pensé que debía abrir inmediatamente mi botella. El genio que contenía la botella llevaba once años allí metido, por lo que inexorablemente debía airearse para mostrar todos sus encantos. Primer síntoma de enfermedad: meto la punta del sacacorchos y el corcho se resquebraja. Mala pinta. Finalmente, como si fuera un cirujano, consigo retirarlo. Huelo el tapón y… horror, aquello no me gusta como huele. Veremos a ver cuando Amparo lo decante, pero no pinta bien, menos mal que tengo un sustituto. Los temores se convierten en realidad. Amparo me requiere para que vea la criatura. No cabe duda, ha nacido muerta. Me aseguro de que no sea un niño robado: licoroso que tira de espaldas, más que vino parece que chocolate con óxido. ¡¡¡¡NOOOOOO!!!! En fin, otra vez en manos de una santa, esta vez Santa Cecilia. Un Nero D’avola de 2005 de Planeta que le pedí hace un par de meses a Juan con la finalidad de bucear en los líquidos italianos. Bueno, mis opciones decrecen pero ante los momentos difíciles hay que ser fuertes. ¡Qué empiece la cata!

         Sale el primer toro, cinta roja. Rojo picota, capa media. En nariz poco expresivo, y en boca remolón. Deduzco que es el mío. Acabado de abrir, la potencia del sol de Sicilia, negro como el Etna… Creo que está claro.

         Segundo toro, cinta rosa. ¡Vaya color bonito! Casi me recuerda a un pinot noir. En nariz alquitranado, grava, especias, y en boca decae. Esto debe ser un barolo, digo. Ni p.i.

         Tercer toro, cinta blanca. Mejor incluso el color que el anterior. Brillante, limpio y sedoso. En nariz muy curioso. Empieza un baile de aromas difícil de contener: confitura de pétalos de rosa, especias, fresas, y con el tiempo evoluciona a piña. Vicente dice que es muy divertido. No se si es la palabra adecuada en todo caso diferente. Me lo llevo a la boca y… que cosa más rara, es como beberse un zumo de frutas tropicales. Ojo, no está malo pero es raro de cojones! Dos días después de catarlo vuelvo a catar sus restos. Ha evolucionado muy bien. Es como oler un inmenso campo de plantas aromáticas todas mezcladas, desde lavanda, tomillos, camomila, incluso orégano… Sigue siendo muy curioso y diferente.

         No cabe duda de que hemos superado la cata anterior. Ninguno de los vinos es excepcional pero los tres son sumamente competitivos. Además, los tres son vinos diferentes y eso me alegra. Pero ¿qué es lo que tenemos enfrente? Aquí se pone de manifiesto mi desconocimiento de Italia. Lo único que sabría distinguir es un amarone y por ahora no lo veo. Hablamos entusiasmados de sus aromas y de sus evoluciones. Todos coincidimos en que salvo la “cinta roja” todos son mejor en nariz que en boca. Conforme pasan –vuelan- los minutos el interior de los vinos evoluciona. “Cinta blanca” es cada vez más zumo; “cinta rosa” se mineraliza hacia la piedra caliza, incluso se mueve hacia el verde de la hoja de tabaco; y “cinta roja” mejora y mejora. Violetas, grosella, fresas…

         Votemos:

         Cinta roja obtiene: 11 puntos

         Cinta rosa obtiene: 10 puntos

         Cinta blanca obtiene: 9 puntos

         Guillermo nos cuenta que su vino es un Amarone de la Vallpolicella, un Nicolis Classico 2004. Un encargo que le hizo a Giordano. ¿Un amarone? Pues yo no lo veo. Tiempo al tiempo. El vino necesitaba ser abierto con una hora como mínimo de antelación, y entró en el ruedo con apenas treinta minutos. Al cabo de un rato la pasificación del vino antes de su fermentación se hizo patente y aquello explotó como el gran vino que era.

         Vicente nos sorprende con un vino natural, sin sulfitos, de Arianna Occhipinti, una pirada de la Vittoria, en Sicilia. Su vino es “Il Frappato” de 2008. Una uva completamente desconocida: frappato de la Vittoria. Ni que decir tiene que es una pequeña productora de las que nos gustan a todos. ¡Lástima no conocerla cuando fui a Sicilia hace varios años atrás!

         Finalmente, hablo de mi vino reserva: Santa Cecilia, de los hermanos Planeta. Un Nero D’Avola de 2005. A su vez les cuento la historia musical que esconde mi Bava.

         ¿Quién ha ganado?

         Destapamos los vinos y el ganador resulta ser Guillermo y Ana, y su Amarone que cada vez está mejor y sigue mejorando. En segundo lugar, mi Santa Cecilia y en tercer lugar el Occhipinti de Vicente y Mª Cruz. Todos estamos contentos, especialmente Guillermo y Ana. Es la segunda vez que ganan –la primera con merecimiento- y con el poco tiempo que llevan en este vicio el resto también nos alegramos, pues una victoria siempre te espolea para una siguiente cata. Ahora bien, queda claro que la organización de la siguiente cata sigue correspondiendo a Xavipaqui.

         Esta vez si que bebimos los vinos durante la comida, especialmente el amarone de Nicolis, cada vez mejor el condenado, del que no quedó una gota, lo que certificó que era el justo ganador. Los vinos maridaban a la perfección con la pasta fresca a la salsa de los cuatro boletus que preparó Amparo. La cena cata italiana había sacado espina de la cata anterior, y además nos había abierto los ojos. Ya teníamos viaje para las Pascuas del año que viene: Toscana y Piemonte. Estaba decidido.

         Juanlu

         Resultados de la cata:

1º Amarone della Valpolicella Classico 2004, Nicolis (34€)
    Guillermo / Ana

2º Santa Cecilia 2005, Sicilia, Planeta (30€)
    Juan Luis

3º Il Frappato 2008, Sicilia, Occhipinti (26€)
    Vicente / Mari Cruz


         Documento gráfico: